Hace diez años el Villarreal lograba en Santiago de Compostela el ascenso a Primera división. Hoy es un equipo consolidado en la elite del fútbol nacional. Incluso ha llevado el nombre de la pequeña ciudad levantina por Europa.
El 24 de mayo de 1998 cambió la historia del Villarreal. Tras empatar a cero –el Compostela falló un penalti- en el Madrigal, el campo gallego de San Lázaro vivía una auténtica final entre dos equipos que buscaban el ansiado ascenso.
El Compostela –actualmente hundido en el fútbol amateur- hacía buena la dicha de los equipos gallegos: Fútbol duro, de contacto, con las líneas juntas y capaz de pelear en cualquier campo. Ha estas cualidades añadía los destellos calidad de Fabiano, Ohen o Penev.
El Villarreal consumó el ascenso por el valor doble de los goles tras empatar a un tanto. Vila-Real ya tenía equipo en la máxima categoría. Permaneció una campaña en Primera, y tras un descenso de un año a Segunda, volvió entre los grandes para quedarse hasta el día de hoy.
De aquel primer Villarreal al subcampeón en esta temporada han cambiado muchas cosas. El Madrigal ha pasado de 5.000 a 25.000 asientos. Ha multiplicado por veinte su presupuesto alcanzando los 75 millones de euros.
Desde su ascenso a Primera el Villarreal ha tenido claro cuál era su secreto para mantenerse sin sobresalto. Optó por la fusión entre la experiencia de los veteranos y las ganas de los jóvenes.
Gica Craioveanu fue el gran fichaje en la segunda andadura en Primera. Llegó desde la Real Sociedad por 250 millones de las antiguas pesetas. El equipo de La Plana ha optado siempre por jugadores veteranos con experiencia internacional.
Así vistieron la camiseta del submarino amarillo jugadores tales como Guillermo Amor, Juan Antonio Pizzi, Sonny Anderson, Alesio Tacchinardi, Robert Pires o Edmilson. Éste último llega para la próxima campaña tras demostrar su profesionalidad –no tanto su clase- en el Barça.
Con el objetivo cumplido de consolidarse en Primera, el Villarreal busca dar un paso más y convertirse en una alternativa en la lucha por los títulos. El subcampeonato de este año ya ha demostrado que el equipo amarillo va en serio.